
miércoles
domingo
Una oscura silueta en el espejo
Después de tanto tiempo sin escribir nada en El arte inútil, quiero decir unas palabras sobre Unica Zürn (Berlín, 1916-París, 1970), sobre todo porque Eva Cueto, compañera del instituto de secundaria donde ambos trabajamos, me ha recomendado este libro cuando le pregunté la semana pasada qué haría ella si tuviese una hija de dieciséis años propensa a la melancolía y al suicidio. «Como Unica Zürn, tu hija está atravesando una primavera sombría», me dijo. No entendí una palabra porque estábamos en otoño (aún estamos) y a mi hija le gusta leer y estudiar con las persianas alzadas, no como a mí, que suelo escribir entre sombras, el flexo encendido, eso sí, para dar a mi escritura ese aire enfermizo que tiene la escritura de Kafka. Ayer mismo leí en un blog que el tono y el ambiente de la escritura puede hacer que nos salgan los mismos temas que los escritores que utiizaron el mismo tono y mismo ambiente que nosotros. El caso es que (sin venir mucho a cuento lo anterior con lo que ahora diré) Eva me trajo al día siguiente el libro de Unica Zürn, Primavera Sombría, para que viese cómo pueden terminar nuestros hijos si no les razionalizamos el televisor, la videoconsola y el mesenger, pero, sobre todo, si nos les enseñamos qué es la sexualidad. El caso es que mi hija no ve televisión, no le gusta la videoconsola y solamente usa internet para hacer los trabajos del instituto. En este sentido no ha aprendido nada de mí, adicto a los blogs y a viajar por la red, gracias al impulso que el año pasado me dio Andrada, el profesor de gimnasia, crear para mí El arte inútil. Otra cosa bien distinta es su sexualidad.Bueno, antes de leer el libro, escribí en Google "UNICA ZÜRN" y ésta es la información que he conseguido recopilar de la autora, más que nada para poneros en antecedentes: Unica Zürn sufrió múltiples crisis esquizoides que la llevaron a la demencia. Escritora y pintora, fue admirada por los grandes maestros surrealistas: André Breton, Marcel Duchamp, Henri Michaux, Man Ray, Hans Arp o Max Ernst. Su compañero desde 1953, el escultor y pintor francés de origen alemán Hans Bellmer, la fotografió desnuda y encadenada para la portada del número 4 de la revista Surréalisme même, para muchos, origen de una crisis vital que la llevó a arrojarse al vacío desde su casa de París, cuarenta y dos años después de que lo hiciera la niña de Primavera sombría (1971). Por lo que se ve, Unica se presentó al mundo de la cultura francesa desnuda y descarnada, pero con miedo a perder, tras el efecto de su atrevimiento, la libertad para seguir escribiendo. Se convirtió en un mito sexual para los hombres y una bestia para las feministas. Después, tras numerosos tratamientos y recaídas, dio sentido final a la escritura de la novela con su suicidio. (Vaya, no empezamos muy bien. Yo no quiero que mi hija se suicide ni quiero que tome el ejemplo melancólico y triste de Unica Zürn; me gustaba más la versión celeste de Erika Ewald).
En efecto, Primavera sombría es el vestíbulo hacia una predestinación (si se puede llamar así a algo que desconocemos): Unica Zürn-niña aguardaría en la antesala ficticia e inventada ser recibida por Unica Zürn-mujer. Se trata, por defecto, de una autobiografía en tercera persona, de una confesión fría y ardiente a un tiempo, escrita bajo el agua o junto al fuego, ya que a la protagonista le gusta experimentar el «dolor» con el «placer». Me pregunto si mi hija sufrirá cuando se divierte o se divertirá experimentando dolor, como Unica Zürn. Aquí están los primeros motivos de la locura, el descubrimiento de su cuerpo y de la sexualidad solitaria, la masturbación, esa especie de monólogo que es el onanismo. Alguna vez he escuchado a mi hija detrás de la puerta de su cuarto toser o contener la respiración al pasar yo por el pasillo o quedarme con la oreja pegada a su puerta. No sé qué hará allí dentro, pero me lo imagino. Tiene dieciséis años y toda la vida por delante. Su madre y yo apenas hablamos de estas cosas. No me atrevo. Tengo vergüenza de padre.
Es curioso, pero al leer algunos pasajes de Zürn se comprende cómo la protagonista ve en su propio dolor la sinécdoque de todo el dolor humano, y no espera encontrar compasión si no es en la liberación que solamente llegaría con la muerte.
