La cosa es sencilla. A mi hija le pasé el libro de Stefan Zweig El amor de Erika Ewald, para que viese que en el amor no está todo perdido. Siempre puede quedarse soltera. De esta manera ella podría hacerme compañía cuando yo sea viejo, un viejo separado desde principios de siglo. ¿Cómo seremos nosotros para los hombres de finales de siglo? Me refiero al siglo XXI. Recuerdo que en los noventa, cuando aún vivía en Bilbao y leía a los clásicos franceses, alemanes y austríacos: Proust, Zweig, Flaubert, Roth, Maupassant... yo los veía como hombres de principios de siglo, cuya visión de lo femenino a veces me asombraba. Eran hombres, sí, pero ¿qué me decís de Veinticuatro horas en la vida de una mujer o La belleza inútil? Mi hija me dijo que se quería morir y yo la castigué por ello. Algunas veces tengo deseos de enrejar su ventana -vivimos en un quinto y ella es una jovencita melancólica, propensa a la depresión. «Venga, papá», me dijo, «que estoy de broma. ¿Tienes algo para mí?» Comprendí todo. Fui hasta la biblioteca y le di el libro de Zweig sobre Erika Ewald. Ella, una pianista que se enamora de un violinista, ala que luego éste desprecia porque no puede conseguir aquello que el joven le pide. «Y ¿qué te pidió a ti Macario?», pregunté. «Nada», me dijo. «Por eso me quiero morir. ¿No te parezco guapa?» «Claro, ¿cómo no? Eres la hija más guapa que tengo.» «Papá, no me tomes el pelo.» «No lo hago. Es verdad.» Al día siguiente me dijo que ya se había leído el libro de Zweig. «Y qué te pareció.» «Cursi», dijo. «No sé, Erika, allí, entre las sombras del teatro, viendo su amor traicionado. Y luego el soldado al que se entrega borracha. Y luego el puente al que desea tirarse. ¿No te recuerda a las novelas que ve mamá?» No pude evitar soltar una carcajada. «¡Ja!», dije. «Sí, acaso las novelas latinoamericanas hayan hurgado en las novelas de finales del XIX y principios del XX, las de Flaubert y Zweig, por ejemplo.» «Papá», dijo. «Qué», dije. «¿Me vas a levantar ya el castigo?» «Vale», dije, «pero sin puentes». «Sin puentes».
Notas sobre tres cuentos de "Los ensimismados", de Paul Viejo.
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Hace 1 día

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